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ARTÍCULOS LITERARIOS

 

INVIERNOS DE AYER

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una densa brisa bajaba cargada de humedad…

Eran los días aquellos forjados por el jadeo de los caminantes y

las exhalaciones de las esposas fieles,  ceñidas a los baldes o a los fogones de barro.

 

Las quebradas y las zanjas estaban revueltas por las incesantes lluvias; en sus candiles se ajetreaban los despojos del producto campestre… Y hablaban los remolinos, pujaban las cuevas y cantaban los viejos metales en el fondo de aquellas aguas color de venganza y de impiedad sin fin.

 

Escuálidos, con ojeras proyectadas hacia las tardes de hambre, chapoteaban en las aguas desbordadas desnudos niños con el color de los días sin techo y las noches sin abrigo; alumnos del sol y de la lluvia, hermanos de los árboles y fieles amigos del barro y las espinas.

 

Eran esas tardes podridas de barro y humedad; eran esos broncos potros sin jáquima…

Eran aquellas playas de puertos innavegables y manglares sinfónicos; de objetos perdidos y buscados en riñas y competencias;  de esteros prohibidos; de albinas con costras de escarchas níveas confundidas con fango, con troncos desmayados y ñangas punzantes….

 

Tiempos de juventud sin ojos y sin freno, de risas sin equilibrio y dolor sin llanto…

Inviernos de ayer de heridas sin vendajes y de la sangre ignorada.

 

 

René De León G.

1978

ORFANDAD

 

Por una puerta…

Por las rendijas de una puerta de viejos maderos, por donde en las noches invernales se cuela el frío, y por donde el vapor calcinante del verano penetra con su dardo de sudoroso pesar…

 

Por esa puerta…

Por esa oquedad sale el llanto consternado de un hermoso retoño de vida.

 

Por esa abertura, por donde dos ojos tiernos se esfuman en busca de cobertor en el invierno y de un calor diferente de verano…  ¡en busca de una madre!

Por allí, por acá, por todas partes…

 

En esa estancia, asediado por la corrupción y la quimera, un magro retoño de vida solitaria pretende con su aciago llanto, y como por instinto, ver llegar la efigie harapienta de esa verdulera mujer de consuetudinario olvido.

 

En aquella estancia…

Por aquellos resquicios…  Por esas rendijas…  Por esas grietas…   

Por allí, por acá, por todas partes…

En cualquier cuartucho donde apenas penetra la luz.

 

 

René De León G.

El Chorrillo, Panamá.

5 de junio de 1977

AMOR  INADVERTIDO

 

En esas viejas páginas que entonces revisé, estaba escrita, con letra casi invisible y de manera anónima, la historia de tus ojos:

 

“Sus ojos se habían hecho para el viento,  y sin embargo rebosaban de amor; no eran azules ni verdes ni de ningún color que llamara la atención, pero era lo primero que miraba cualquiera que pasaba a su lado.

 

Eran como abismos que absorbían la lluvia, que evaporaban el calor y que no tenían fondo ni forma visibles.

 

Sus ojos nunca me miraron fijamente.

Nunca pensaron amar, mas el amor se desbordaba en ellos.

 

Nunca habían conocido el dolor, pero un día sintieron inundarse de un agua salada, de un mar extraño, que subía y subía, que llegaba a los párpados, se derramaba en silencio…  y ese día algo les dijo que así era el dolor.

 

Y por escapar del dolor, sus ojos me miraron fijamente y supieron, desde entonces, que habían amado toda una vida.”

 

 

René De León G.

Panamá, Panamá.

21 de julio de 1979

PUERTO ESCONDIDO

 

            El paisaje de Puerto Escondido semeja un paraíso terrenal.

 

           Quienes visitan aquel ensoñador lugar quedan tan extasiados, que siempre regresan para repetir ese deleite espiritual.

 

            Todo es tan impresionante que resulta inefable.  Un pueblito, un valle y un puerto se combinan favorecidos por el clima más agradable que he podido sentir.  Cuando el sol, que es tan grato en Puerto Escondido, cae sobre la esmeralda del valle, un paradisíaco lago que en este valle se encuentra, destella reflejos como un diamante inmenso y misterioso.

 

            El sendero perdido en la montaña, que conduce a las playas donde el río desemboca, es una estrecha faja sobre piedras,  entre barrancos  donde infinidades de plantas exóticas brindan la belleza y el perfume de sus flores.

 

            Partimos al amanecer, cuando ya se ocultaba la reina de la noche y los insectos suspendían su concierto alegre y bullicioso.  Ya casi de día, se podía contemplar, al otro lado del río, el hechizo de las montañas  cubiertas por gasas de algodón.

 

            En las playas, donde el río confía al mar sus secretos arrastrados por mucho tiempo, se encuentran las más extrañas e interesantes variedades de caracoles, conchas y piedras.  Son estas playas extensas como blancas sábanas que invitan a dormir al son de las canciones que entona el mar de aguas cristalinas y frescas que obsequia espumas  a las riberas de diversas tonalidades de verde.

 

            Todo el que va se enamora de Puerto Escondido… y  cualquiera se enamora en Puerto Escondido.

 

        

René De León G.

5 de noviembre de 1978

IRRESISTIBLE

 

Decido abandonarte...

Te abandono de manera irrefutable.

Luego apareces y me descompongo.

Tu olor me embriaga y me desarmo, me deshago de mí y me entrego, se acaba mi resistencia una vez más y me anulo.

 

René De León G.

2010

EL VIEJO ÁRBOL DE MANGO

 

La sed sube de rama en rama.

El tiempo vence, una a una, casi a todas las ramas del árbol,

el cual se bandea sobre el camino polvoriento que conduce a las playas anónimas de un puerto escondido entre oscuros manglares.

 

Debajo del viejo árbol, el viento juega con el polvo del camino.

Arriba, en sus rugosas ramas,  los matapalos juegan a embriagarse con la savia y a depositar el huevo de la sombra y el silencio.

 

Nuestra niñez va pasando y no hemos visto pasar el tiempo;

sólo hemos notado que el árbol ha cambiado mucho últimamente;

poco a poco se ha ido consumiendo por la sed y ha ido cediendo sus ramas ante el ejército de matapalos.

 

Los frutos del mango ya no quedan tan cerca del suelo en el barranco al otro lado del camino.

 

 

René De León G.

2 de agosto de 1979

 

SUEÑOS CON COMETAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Le hubiera gustado terminar la cometa y enarbolarla, disfrutar de sus viejas entretenciones,…

pero no encontraba el material adecuado para el arco de la zumbadera.

 

Se desesperaba doblando verolises, puliendo cañas y bejucos,

e intentando con otros materiales no usados para zumbaderas de cometas….

pero siempre, terminando, se malograba la cometa.

 

Su juvenil espíritu no había sido ahogado por las duras responsabilidades de la entrada en la edad adulta y seguía como triturando su infancia en un mundo de hierro lleno de ideales que se le convirtieron en sueños continuos con cometas inconclusas…

 

y todas las noches, cuando sólo le faltaba la zumbadera, le pedía tiempo al sueño y un arco a su dios para terminar la cometa.

 

René De León G.

11 de diciembre de 1979

SENDAS DIALOGADAS

 

Lentamente, como pesadillas, habían pasado los cansados días de aceptación de dogmas escolares…

 

Ahora teníamos por delante un mundo inmenso, interminable, con senderos múltiples hacia el olvido…  de montes y sabanas, de ríos y colinas retostadas; de playas, puertos y manglares; de bimbines, capisucias y cirueleras; de conejos muletos, iguanas o cocalecas…

 

Y eran rudos caminos pavimentados de la erosión; eran colinas a las que conducían angostos caminos incrustados, como blancas heridas,  en una tierra pastosa por el tránsito continuo de magras vacas sin pasto, cuyos costillares quería escaparse hacia el cielo…

 

Eran caminos convertidos en espirales alrededor de aquellas colinas; y a lo lejos, las blancas paredes de las casas viejas eran garzas nuevas.

 

Dialogábamos y, luego, mirábamos en silencio nuestro pueblo; era una blanca gaviota con sus alas rotas, abandonada en medio de un mar de aguas pardas, turbias y verdes, congelado y caliente…

 

Y el mar verdadero no estaba muy lejos, más azul que un escueto cielo de marzo tropical…  y el horizonte era una hoja de metal incandescente.

 

Avanzábamos por las sendas dialogando sobre nosotros…

El viento se llevaba nuestra voz y la hacía retornar convertida en silencio.

 

René De León G.

25 de noviembre de 1978

 

LA RELIGIÓN DE LAS ALTAS HORAS

 

 

Todo está dispuesto sobre una vieja mesa de madera vieja, de mantel raído, de carpeta deforme y de virtudes esforzadas de sueño y cansancio.

 

Viejos libros con libros nuevos de compactas cubiertas  y… hojas sueltas,

ajadas como el deseo insatisfecho de amar.

 

Como en una grandiosa religión que no existe, la noche es el escenario donde son idolatrados la soledad y el pensamiento.

 

El mundo se mueve en máquinas que parodian con su ritmo sincrónico

al vaivén incesante, perdurable, de las olas… olas de un mar sin orillas,

donde buscar reposo es un idealismo remoto, inalcanzable, porque allá como acá ya el aire ha aprendido lecciones musicales con sonidos contaminados de amores imposibles, de soledad y aislamiento, como en esta religión de las altas horas nocturnas.

 

 

 

René De León G.

 

28 de enero de 1978

SONIDOS

NEGARSE A LA VIDA CIRCULAR

 

Negarse a la repetición de la historia circular de los nuestros,

de nuestro pueblo y de nuestro tiempo.

 

Negarse a repetir la vida circular que duele,

que hiere y carece de sensatez.

 

Nos han herido y hemos herido, pero podemos forjar nuevas vidas

sin heridas y sin que sientan la necesidad de herirnos.

 

Nos han enseñado…  y hemos aprendido y hemos ignorado;

mas lo que da origen al bien no es el aprendizaje ni la ignorancia…

es el amor y la acción por el bien.

 

Hemos discutido, gritado, ofendido, humillado, despreciado y apartado;

sin embargo, lo que satisface no es el apartamiento, ni la armonía disimulada, ni el silencio egoísta, ni el halago vano, ni el engrandecimiento, ni el falso amor.

 

Lo que enaltece y da satisfacción de vida es el rehacer, el reconstruir, el construir novedades, el romper patrones que truncan nuestra realización y felicidad, el idear nuevos mundos y nuevas vidas…

 

Por el bien, por el perdón, por la tolerancia, por la sabiduría del dios en que creemos…

Por ese dios del bien, vivamos; disfrutemos por la sabiduría de poder hacer el bien.

 

 

 

 

 

 

 

Negarse a repetir la vida circular en que giramos,

que nos persigue, que nos incita a creer que lo que nos exigen es lo justo,

lo bueno y productivo, el deber.

 

Porque nadie puede legarnos el deber: el deber nace del alma cuando el alma es justa y buena.

 

 

René De León G.

16 de junio del 2000

VAGA PERSPECTIVA

 

Lejos, muy lejos…

en la honda y tétrica noche donde la oscuridad sea blanca,

donde la rosa no sea efímera y donde las lágrimas sean dulces,…

allá, muy lejos, donde todo tenga sabor de felicidad,

donde nadie sea nadie y todo sea un solo todo,

donde todos los ríos tengan igualdad de aguas

y donde el mar sea su único destino,…

donde la esperanza no sea ilusión

y donde las realidades sean como sueños de desmesurado frenesí…

en ese profundo piélago de dulces delirios has de sentirte un día y…

tu beatitud se verá lacerada por el calor de la felicidad y repleta de hastío.

 

Lejos, muy lejos…

donde todo sea dulce,… te faltará la sal.

 

Acuarela 71

5 junio 1977

INÚTIL CAMBIO

 

He tratado de componer el mundo de miles maneras;

he inventado nuevas formas de pensar y de ver las cosas.

 

Y también me he esforzado por sentir de manera diferente,

por disfrutar de manera diferente,

por amar de otro modo.

 

He dejado de besar en los labios para besar las manos frías;

he  dejado de abrazar tu sensual cintura para posar mis manos en tus hombros.

 

Me he resignado a no fundirme contigo y a sólo contemplarte.

Y he logrado en vano una nueva forma de amar.

 

 

René De León G.

21 de julio de 1979

SENDAS

 

En un círculo de sombra,

en una sombra de espantosa quietud,

donde el aire cae verticalmente y se convierte en un espíritu abrasador con miles dimensiones…

 

En un abismo hecho por el hombre,

donde el sol sólo cae al mediodía

y donde en las noches la luz toma un color desconocido,

un color tan difuso y extraño como el pensamiento aturdido de tanto discernir…

 

Aquí, donde los gritos se proyectan en tantas direcciones,

por tantas sendas, hasta quedar abatidos…

donde los ecos parecen no marcharse ni con los días ni con los años…

aquí vive un pensamiento sin dueño, un dolor sin carne ni espíritu,

un remedo de humanidad.

 

 

René De León G.

28 de enero de 1978

A TRAVÉS DEL VALLE

       

Las sabanas del valle arrancan desde el pie del macizo montañoso central, al norte.  Varios ríos y pequeños riachuelos hacen su recorrido de norte a sur por estos extensos llanos, dándoles una nota de agradable frescura y reposo.

            

Al noroeste de la llanura se encuentran altos promontorios rocallosos que forman una barrera de protección extendida por varios kilómetros, y al final de estos promontorios un sinnúmero de rocas dispersas de todo tamaño semejan guardianes de las selvas lluviosas que rodean el macizo central con sus elevados cerros cubiertos de neblina.

              

En las regiones del este, innumerables columnas de estacones dividen en parcelas una tierra ya gastada por el cultivo y el ganado.  Luego, pueblos y pueblos hasta la costa.

                             

La sección del sur es una alfombra verde que choca con el mar, se hunde, emerge convertida en una alargada isla y luego desaparece.

          

René De León G.

20 de diciembre de 1978

PUNTA PAITILLA

 

     Pequeños arbustos sirven de fondo a un gran número de gigantes blancos que se elevan al cielo para saludar a la flota pesquera del Golfo de Panamá.  Punta Paitilla es como una flecha clavada horizontalmente en el mar, una flecha que se blanquea con el pasar de los días.  Grandes rocas forman un oscuro cinturón que protege la punta de los azotes del mar; escasas y angostas playas aparecen como incrustadas entre las rocas.  Punta Paitilla es un lugar ameno que el capitalino recorre en sus paseos vespertinos; constituye un escape a la vida bulliciosa; es un pedazo de ciudad que quiere fugarse en el mar. 

 

René De León G.

29 de noviembre de 1978

EN ESTE LUGAR, HOY…

 

Tú  has contemplado la soledad pintada de bajas tonalidades

desde el fondo de un lugar opaco y desde la cumbre de un orgullo inquebrantable.

 

Tú has creído que la vida siempre ha debido de sonreírte.

 

Y hoy, aquí, tú,  en este abismo sin nombre y esta cumbre sin descenso, has advertido, un poco tarde, que las capacidades humanas son limitadas.

Has sentido que la sangre humana es una peste que intenta cubrir el mundo por fuera,  porque está cansada de interiores.  Y has advertido que su ausencia limita y que su presencia apesta; te has dado cuenta de que hiede.

 

Tú has hecho conciencia de que eres miseria que se trueca en risas, de que eres podredumbre que intenta proyectarse en esencias sedantes y hasta en perfumes.

 

Has experimentado una vez más los espasmos y las bascas de la baja condición humana.  Y has llorado… y has reído… y esperas…

 

René De León G.

5 de noviembre de 1982

BOBY  SE  HA  IDO

 

Boby era un animal inmenso.  Las orejas de Boby eran tan largas y anchas que parecían artificiales; tan artificiales, que él no podía  moverlas a voluntad suya.  Sus ojos, ovalados y brillantes, también tenían un tamaño extraordinario, y miraban tan fijamente que parecían comprender todo.

 

Boby se ha marchado.  Sólo en las noches se le oye ladrar a lo lejos. No entendemos  por qué se ha ido, pero no lo hemos vuelto a ver.  Quizás un día, bajo las amenazas de su amo, Boby miró atentamente con sus grandes ojos y comprendió que allí no lo esperaba una buena vida, ni siquiera la seguridad de vivir… y se marchó.

CASI SONÁMBULO

 

Fragmentos de “El otro mundo de Arcadio” y "Semejanzas".

 

 

Vagaba por la decepción, casi sonámbulo.

 

En su interior se agitaba un deseo de correr, de huir de aquella realidad, de desgarrarse la piel y sacar de lo más profundo el resorte que disparaba la consternación y el dolor por las injusticias humanas.

 

Caminando sin rumbo, pensaba en cosas casi que fuera de la realidad.  Pensaba que el mundo era una sombra de la que había que escapar.  Su entorno se vestía de pesimismo.  La tarde decaía, el viento se llevaba las hojas y él no sabía adónde iba.

 

El mundo para él dormía a esas horas, el mundo parecía dormitar cansado, el mundo había cesado de forjar sus sueños que ahora eran peores que pesadillas.

 

Pensaba que no había leyes morales ni dogmas, que el hombre era una simple máquina que se movía en el tiempo hacia un final donde aquellos códigos morales no tenían vigencia.

 

La lejanía se había vestido de cobre, cobre fundido, cobre en su máximo grado de ebullición…  Los edificios,  los semáforos, los autobuses eran simples pedazos de vida insignificante.

 

El horizonte ardía, como la decepción de los hombres; el cielo cedía, como los débiles; una colina lejana se perdía, como la esperanza; los sonidos se tornaban indescifrables, como los caracteres humanos.  Sin embargo, los altos edificios parecían imponerse, como los recuerdos; la soledad lo asediaba por todos lados, como la oscuridad.

 

Era un transpirar continuo, un eterno discernir, una desesperación que lo envolvía, como un manto negro. 

 

Esa tarde, ya casi al anochecer, pasó por su atolondrada memoria la manera injusta en que le habían truncado a Arcadio el mundo que había soñado.

 

 

René De León G.

5 de noviembre de 1978 y 18 de febrero de 1979

FRAGMENTO DE COSAS IMPOSIBLES

 

 

HE SEMBRADO FLORES EN MI BALCÓN

 

Y HE SOÑADO CON UN DICCIONARIO GRANDE, INCANSABLE, INFINITO...

 

COMO UN MUNDO DONDE PUEDA ENCONTRAR PALABRAS NUNCA USADAS,

 

IDEAS O MODOS CON QUE PUEDA EXPRESAR TODOS LOS SENTIMIENTOS INEFABLES

 

Y PINTAR TODAS LAS COSAS...

 

 René De León G.

 De "Cosas Imposibles", julio de 1978.

SUEÑOS DE HOSPITAL

 

Nos miramos… hemos tratado de evadir la impaciencia por avanzar en nuestro cuadrilátero.

 

Sonreímos…hemos aprendido la importancia del reposo; hemos aprendido a dormir tranquilos, inmóviles, pues hemos sentido miedo a la muerte, hemos presentido la muerte al quedarnos dormidos.

 

Hemos tenido que aceptar dormir en una sola posición, sin movernos, tendidos como muertos sin ayer.  Y en sueños… soñamos, añoramos, sentimos, recordamos, rememoramos…

 

Sólo queremos pensar que no debemos morir ahora.  Soñamos… Y añoramos en silencio la tranquilidad de aquellos parajes de verano y los crepúsculos ardientes de otros días.

 

Soñamos… Nos sentimos en un carnaval sin comienzo ni recesos, en el cual se agitan mil almas dirigidas por la sed de sonrisa y por el miedo a la sangre y a la muerte.

 

René De León G.

Martes 9 de noviembre de 1982

INVIERNOS DE AYER
ORFANDAD
AMOR INADSVERTIDO
PUERTO ESCONDIDO
SUEÑOS DE HOSPITAL
IRRESISTIBLE
EL VIEJO ÁRBOL DE MANGO
SUEÑOS CON COMETAS
SENDAS DIALOGADAS
LA RELIGIÓN DE LAS ALTAS HORAS
NEGARSE A LA VIDA CIRCULAR
VAGA PERSPECTIVA
INÚTIL CAMBIO
SENDAS
A TRAVÉS DEL VALLE
PUNTA PAITILLA
EN ESTE LUGAR, HOY
BOBY SE HA IDO
CASI SONÁMBULO
FRAGMENTO DE COSAS IMPOSIBLES

POCRIEÑO

 

Estamos muy orgullosos de ser todos de Pocrí:

es la hora, pocrieño,

de poner todo el empeño,

de hacer honor a la sangre del gran cacique Puerí.

 

Que no haya nada que afrente

a la gente de Pocrí;

luchemos todos de frente,

es un honor ser de aquí.

 

René de León G.

POCRIEÑO

EL ESPANTAPÁJAROS

 

 

                La perra del viejo Gregorio, que nunca había recibido cariño verdadero, que nunca tuvo un amo bueno que la acariciara y la bañara, empezó a buscar compañía y protección en los chiquillos de Loma Chata, que a veces visitaban Finca Cocaleca.

 

                Durante todo el tiempo en que a Tojito se le prohibió visitar Finca Cocaleca, ella visitó la casa de los Bazán en Loma Chata, la casa de Tojito, el niño que prácticamente se había convertido en su nuevo amo.  Tojito se encariñó con el animal y el animal se apegó a él con la confianza que merecía un buen amo.  Cómo no iba a querer al chiquillo si éste le hacía las cosas buenas que no le hacía el amo y nunca llegó a hacerle las cosas malas que el amo le hacía.

 

                Un día, en casa de los Bazán, uno de los dos hijos de Alcidio había salido a jugar y no había regresado. Su madre, confiada en la forma en que sus dos hijos se habían comportado últimamente, realizaba con esmero y despreocupación las labores hogareñas en espera de su esposo, que ese día llegaría temprano con su carga de arroz nuevo.

 

                Era una de aquellas semanas de exagerada humedad, en las que los arrozales empezaban a amarillear y una densa brisa cargada de frío bajaba del monte.  Eran días forjados por la fatiga de los campesinos ocasionada por la rigurosidad del trabajo y las inclemencias del tiempo.

 

               El sol mortecino de invierno ya había recorrido tres cuartas partes del cielo de Loma Chata.  Alcidio Bazán bajó el motete cargado de manotadas de arroz nuevo ante la cara de felicidad de su mujer.  Cuando hubo colocado la carga en una esquina del jorón, preguntó por sus hijos…    Ante la inquietud que surgió, Antonio se fue a preguntar en las casas más cercanas y nadie le dio fe de su hermano.  Lo buscaron por todo el caserío y fue inútil.  Alcidio, ante tal situación, parecía acentuar su cansancio.  Empezó a renegar preguntándose dónde diablos podía estar el chiquillo si no estaba en el poblado.  Además, Loma Chata era un caserío pequeño y sus casas estaban bastante recogidas.

 

                A Antonio le surgió la idea de que… posiblemente, en Finca Cocaleca, pues el viejo Gregorio en esa época ponía a los muchachos a espantar a los pájaros “troneros” para que no le comieran el arroz.  Pero Alcidio y su mujer pensaban que no era posible que Tojito hubiera vuelto a ese lugar; más bien, se sentían mejor pensando así. 

 

                Cuando los padres de los chiquillos del caserío de Loma Chata les prohibieron a éstos que  visitaran al viejo Gregorio en Finca Cocaleca porque se decía que el viejo tenía cosas misteriosas y hacía “menjurjes” y brujerías, Gregorio se había tornado hosco con la gente del poblado y ni siquiera saludaba a nadie.  Además, Gregorio estaba envidioso porque Alcidio le aventajaba en terrenos y cosechas.  Estas cosas venían ocurriendo desde el año anterior.  La decisión de Alcidio y su mujer había sido que sus hijos no fueran más a la mentada Finca Cocaleca de aquel viejo loco. Por eso no querían pensar que después de la prohibición Tojito ahora hubiera regresado sin permiso a aquel lugar.

 

                Aquella tardecita, varias personas recorrían montes y potreros por rumbos diferentes, pero bajo la misma lluvia menuda, bajo aquel lento y largo lloviznar que convierte en atacaderos los caminos y cunetas, y los hace tomar un olor a podredumbre y a “culebrón”. 

 

                Los últimos rayos del sol se hundían en el horizonte y ya empezaban a cantar los capachos.  Los hombres no cesaban de gritar por los montes y los monos tampoco dejaban de imitar a los hombres de vez en cuando.  Ahora los hombres caminaban tratando de detener con el deseo y los ojos aquella moribunda tarde podrida de fango. 

 

                Era ya casi la prima-noche. Dos seres se aproximaban al Paso de La Cruz por caminos distintos  en aquella búsqueda:  la perra y Alcidio Bazán.

 

                Ahora, ella pensaba que las maldades del viejo Gregorio habían llegado al extremo, porque con un sentimiento instintivo o un instinto sentimental había espiado y había contemplado la maldad que Gregorio había cometido con Tojito: atarlo a un tronco en donde el viejo amarraba espantapájaros en medio del arrozal.

La perra vio a un hombre sentado en el Paso de la Cruz.  Venteó y se enteró de que el hombre tenía la misma sangre que Tojito.  El animal  se agazapó en un matorral y esperó.  Al poco rato sintió el trote del caballo y el olor de su mal amo o el mal olor de su amo, el olor de la maldad y de la muerte.   Después… un caballo cayo y con él un hombre.  La perra empezó a ladrar mientras resonaban choques de machetes e injurias.  Se abalanzó hacia los hombres con la furia que tienen los perros ante la injusticia, con su furia reprimida desde hacía tanto tiempo.

 

                Frenó, venteó, gruñó, diferenció los cuerpos, y arremetió contra Gregorio dispuesta a acabarlo… y lo acabó.  Al final, todo era un silencio empapado de sangre…

 

                Ella condujo a Alcidio al medio del arrozal; allí el padre desató al niño, el cual apenas podía hablar…

 

                En las noches siguientes, mientras una luna macilenta, menguante, acompañaba el chisporroteo de las velas en el Paso de La Cruz, una perra ladraba, alegre y liberada, en el caserío de Loma Chata en compañía de Eustorgio Bazán, Tojito, el que un día fue niño-espantapájaros.

 

 

René De León G.

Marzo de 1979 

EL ESPANTAPÁJAROS
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